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Historias

Con Cristo para andar de nuevo sobre el mar

9 ago, 03:00 a. m.
Esta reflexión profundiza en el episodio evangélico de Jesús caminando sobre las aguas tras la multiplicación de los panes. Desde una perspectiva misionera, invita a los discípulos a no detenerse en los éxitos alcanzados, a seguir adelante aunque el viento sea contrario y a mantener la mirada fija en Cristo, que permanece cerca y salva en toda tormenta.

 

Por P. Anh Nhue

Siguiendo Jesús en su misión, según cuanto san Mateo evangelista nos narra, llegamos con el evangelio de hoy a un episodio peculiar: Jesús camina sobre las aguas del mar tumultuoso. Más allá del carácter milagroso del acontecimiento, la narración evangélica parece querernos transmitir algunos mensajes importantes para la vida de los actuales discípulos-misioneros de Cristo. Para una reflexión profunda se necesita tener presentes tres detalles significativos.

1.  El contexto temporal en perspectiva pascual: el camino sobre el mar después de la multiplicación de los panes

Hay que recordar el contexto temporal del evangelio de hoy, señalado en el leccionario italiano (así como en los otros) con la frase «después que la multitud comió». Lo que se relata ocurrió inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Hay que notar que este sucederse de los eventos ha sido reportado no solo en los evangelios sinópticos (Mateo y Lucas), sino también en el evangelio de Juan (que sigue una tradición distinta). Este último evangelista ha subrayado la perspectiva pascual de la multiplicación del pan con la explicitación del contexto temporal del evento: «Estaba cerca la Pascua» (Jn 6,4). De este modo, somos invitados a introducirnos en el clima de la Pascua que celebraba la salida del pueblo de Israel de Egipto a través de signos y prodigios grandiosos y terribles, como el don del maná en el desierto y, obviamente, el memorable pasaje del Mar Rojo, cantado después por el salmista con palabras inspiradas e inspiradoras: «Te vio el mar, oh Dios, | te vio el mar y tembló, | los abismos se estremecieron. (…) Tú te abriste camino por las aguas, | un vado por las aguas caudalosas…» (Sal 77,17.20). Se tiene que agregar que, según la tradición bíblico-judía, solo Dios puede dominar el mar y caminar sobre sus olas (cf. Job 9,8).

En esta perspectiva, el caminar de Jesús sobre el lago de Genesaret (llamado normalmente mar de Galilea por su gran dimensión, así como en el evangelio de hoy [cf. Mt 4,18; 15,29]) se contempla como la actualización de la manifestación de Dios omnipotente sobre las aguas durante el Éxodo del Pueblo que ya antes había sido elegido. Esto es tan cierto que Jesús ha tranquilizado a los discípulos atemorizados con la frase «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!», que contiene la afirmación literal “Yo soy” (Ego eimí, en el original griego) que no solo afirma la identidad del que habla, sino también resalta intencionalmente el nombre del Dios del Éxodo (cf. Ex 3,14). Si bien la secuencia de las acciones de Jesús parece indicar un movimiento divino descendente (de lo alto a lo bajo), Él estaba antes sobre el monte, a solas, para orar (es decir, estaba con Dios) y, después, desde ahí fue hacia sus discípulos sobre el mar agitado. Todo parece indicar que ahora con Jesús, el Hijo de Dios, y en su persona, se realiza el nuevo camino del Éxodo sobre el mar para el Pueblo de Dios.

2. «Jesús apremió…». La acción significativa de Jesús para los discípulos

El apenas descrito contexto temporal del episodio, con su perspectiva pascual global de la misión de Jesús, nos ayuda a comprender en profundidad una acción aparentemente extraña de Jesús en relación a sus discípulos, al inicio del relato después de la multiplicación de los panes: «Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente». Del verbo “apremiar”, usado para definir este acto de Jesús, podemos imaginar que sus discípulos querían permanecer todavía en el lugar “glorioso” de la multiplicación de los panes, cuando, según lo señalado en el evangelio de Juan, al final del milagro Jesús querían proclamarlo como su rey (Jn 6,14-15). El comportamiento de Jesús resulta, por eso, muy significativo en aquel momento y altamente parenético para los discípulos, llamados a la misma misión del Maestro. Por una parte, Jesús parecía querer enseñar a los suyos a tener claro el objetivo de la misión (la propia y la de ellos), que no era acoger la gloria terrena de los hombres, sino cumplir simple y fielmente el plan divino para la salvación del mundo. Efectivamente, Jesús mismo después se ha retirado al monte, solo, para orar; es decir, para alabar a Dios y consultar con Él,  fuente y origen de su misión. Por otra parte, los discípulos fueron apremiados a subir de nuevo en la barca y seguir adelante, para que «se le adelantaran a la otra orilla». Así, podemos constatar un mensaje espiritual importante en perspectiva misionera: a los discípulos de Jesús se les exige no detenerse en “éxitos misioneros particulares”, sino ir siempre adelante, continuando siempre la misión con coraje hasta el cumplimiento final de la salvación de toda la humanidad en los misterios pascuales del Señor. No en la gloria terrena, sino en el plan divino. No detenerse en la complacencia de lo que se ha podido lograr, sino remar siempre más adelante en la misión, algunas veces con el viento contrario, para realizar ulteriormente el proyecto de Dios en Cristo. En este camino de los discípulos, aunque sea alguna vez, como en este caso en el mar de Galilea, el Señor físicamente los deja solos para estar Él en “el monte” con Dios, pero permanece místicamente cerca de ellos con la mente y el corazón para llegar siempre a tiempo en ayuda a sus necesidades.

3. Un “primer plano” interesante sobre Jesús y Pedro en el mar, y una lección de la fe en medio a las tempestades 

En este contexto teológico-espiritual, se inserta el “primer plano” sobre Jesús y Pedro, para usar una expresión cinematográfica. Es una inserción original del evangelista Mateo que quiere así dejar a los lectores/oyentes de todo tiempo una lección sobre la fe en medio de las tempestades. Pedro podía caminar sobre las olas por el querer de Jesús, pero curiosamente «al sentir la fuerza del viento, le entró miedo» y comenzó a hundirse. Hasta que Pedro no tuvo cuidado del viento en torno a él y continuó a mantener fija la mirada en Jesús, hacia el que Pedro se dirigía, no sucedió nada. Pedro inició a hundirse en el momento que prestó demasiada atención al viento y no vio más a su Maestro. Esta es una lección de fe para todo discípulo-misionero de Cristo en medio de las tempestades: es necesario mantener la mirada fija en Jesús para continuar a caminar con Él sobre las olas agitadas del entorno. Siguiendo esta lógica, el autor sagrado de la Carta a los Hebreos recomienda a los cristianos que estaban viviendo un momento de crisis:

En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. (Heb 12,1-3).

El final de este “primer plano” del episodio evangélico afirma la necesidad de ver siempre a Jesús, sobre para quien se encuentra en peligro de vida. Comenzando a hundirse, Pedro gritó «Señor, sálvame» y, por tanto, nuevamente dirige su mirada a su Maestro y Salvador. Entonces, como subraya el evangelista, «Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró». Así, en la acción de Jesús se refleja el gesto potente de Dios que tiende la mano para salvar a los necesitados que se dirigen a Él en situaciones desesperadas. El regaño de Jesús a Pedro en ese instante, confirma la perspectiva de la fe sobre la que el evangelista insiste: «[Jesús] le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?”». 

Oremos para que estas palabras de Jesús, así como todo el relato evangélico, sean hoy una constante llamada de atención y una lección para todos nosotros, los actuales discípulos de Cristo, en la vida de fe y en el camino de la misión en el mundo contemporáneo, donde se intensifican siempre más los vientos contrarios. Tengamos presente cuanto el Papa Francisco afirmó con fe en el Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2023: 

Hoy como entonces, el Señor resucitado es cercano a sus discípulos misioneros y camina con ellos, especialmente cuando se sienten perdidos, desanimados, amedrentados ante el misterio de la iniquidad que los rodea y los quiere sofocar. Por ello, «¡no nos dejemos robar la esperanza!» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 86). El Señor es más grande que nuestros problemas, sobre todo cuando los encontramos al anunciar el Evangelio al mundo, porque esta misión, después de todo, es suya y nosotros somos simplemente sus humildes colaboradores, “siervos inútiles” (cf. Lc 17,10).


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